Creo que sólo Tom Hanks podía darse el lujo de abordar un tema tan espinoso para la sociedad norteamericana, como es la poligamia. Y sólo HBO, con su ya probada fórmula para provocar las buenas conciencias, podía respaldarlo. El resultado es la serie Big Love, donde la religión es el menor de los conflictos que deben sortear los personajes.
Porque el hilo conductor, no es la fe, sino las ambiciones personales de todos. Para algunos se trata sólo de poder, para otros de dinero y para otros más, de influencia. Pero nadie está libre de pecado. Y para alcanzar sus objetivos no se detienen ante nada.
De los personajes principales, no sorprende la guerra en la que se embarcan, pero sorprende cuando personajes que uno consideraba cuerdos, son capaces también de pequeñas traiciones. Aunque en situaciones similares, ¿quién puede hablar de cordura?
Me sorprende que en estos tiempos que corren, de moral absoluta, una serie de estas características sobreviva y reciba nominaciones a los más importantes premios de la televisión estadounidense. En especial, porque la industria del entretenimiento de este país no es muy dada a reconocer aquello de lo que se avergüenza.
Recuérdese la ola de comentarios que despertaron las nominaciones a Los Sorprano. Sin embargo, es obvio que esta propuesta, muy alejada del tipo de series que le gusta al televidente promedio: chistes vulgares, lugares comunes…, ha sabido no sólo cómo retratar a una familia disfuncional, sino a una sociedad disfuncional.
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