Por Juan Luis Font
Escribo esta nota después de presenciar la jornada de manifestaciones en la capital.
Las cosas pueden resumirse en unas pocas líneas: gran cantidad de personas en la Plaza de la Constitución y en la Plaza de la Loba pero es difícil establecer sin equivocarse a cuál acudió más gente. Era notorio que en el centro de la ciudad había mayor apatía (aunque su sistema de sonido, sus animadores y sobre todo su música eran mejores; usaron la canción “Yo no fui” de Pedro Fernández como tema en favor de Colom). En comparación, los manifestantes frente a la Municipalidad mostraban más ánimo.
Entre las personas vestidas de blanco podía notarse carteles que acusaban sin paliativos al Presidente de ser un asesino y más de alguno clamaba por el final de la era Sandra Torres. También había quienes exigían justicia por los asesinatos de pilotos, quienes deploraban los asaltos en los buses y quienes demandaban el fin de la violencia. Cada vez que uno de los oradores llamaba a que se aprobara la Ley de Comisiones de Postulación para lograr una elección de magistrados transparente, los manifestantes aplaudían.
En el parque central se distribuían copias de la columna de Andrés Zepeda, que cuestiona el video de Rodrigo Rosenberg. Y en la protesta frente a la Municipalidad, predominaba el segmento social con más solvencia económica en el país, que no llegó al lugar por otro motivo que sus convicciones.
En 20 años de hacer periodismo no recuerdo, excepto en las visitas del Papa, una ocasión anterior en que tantas personas hayan decidido manifestarse públicamente por una misma causa. De manera que ese es el hecho más destacado de la jornada.
El mensaje de Rodrigo Rosenberg ha movido a muchas personas habitualmente apáticas ante la realidad nacional a expresarse de alguna forma. Por ahora es imposible establecer si esa indignación se tornará en un movimiento ciudadano a favor de la justicia o si se limitará a fortalecer la oposición al gobierno de la UNE.
Desafortunadamente el presidente Colom se muestra dispuesto a combatirlo y no se percibe de parte del Ejecutivo un asomo de intención, mucho menos la habilidad, para tratar de encausarlo hacia un objetivo común como podría ser el fortalecimiento de la justicia. Una cualidad del líder político consiste en comprender el momento social y aprovecharlo de forma apropiada. Colom parece carecer de esa virtud.
Entre quienes manifestaban ayer frente a la Municipalidad era notoria la presencia de jóvenes universitarios, noticia refrescante para un país de liderazgos agotados.
Por último es deplorable que la izquierda -¿cuál izquierda?- se abstraiga de cumplir algún papel en este momento. Sea porque no quiere vincularse a quienes considera parte de la clase alta o dominante en este país, porque desconfíe de las verdaderas intenciones detrás del movimiento o porque carezca de poder de convocatoria, lo cierto es que está ausente de la escena.
¿Puede Rodrigo Rosenberg convertirse en una especie de María Chinchilla en nuestros tiempos? Lo haría a costa de Alvaro Colom, pero eso aún está por verse.
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